Herederos de esperanza

Opinión Por
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A solo dos semanas de concluir el mandato presidencial de Macri, parece ser el momento justo de reflexionar sobre su paso por la presidencia. Habiendo bajado la espuma y la excitación de una cruenta competencia electoral, y antes de que Alberto Fernández ocupe la plana completa, es el punto preciso para pensar que nos legó Mauricio Macri y la experiencia de “Cambiemos” en el poder.

En principio es inevitable pasar lista de los resultados que nos dejan 4 años de una serie de programas y medidas económicas, que significaron varias vueltas de timón de un proyecto, sin encontrar un rumbo con “tierra a la vista”. También resulta inevitable la comparación con la herencia de 2015 del kirchnerismo, y aunque no sea el objetivo primario de esta editorial, a través de un careo se puede ilustrar cómo los problemas de aquel entonces se profundizaron y las resoluciones se alejaron.

Mauricio Macri asumió con 2 promesas básicas en términos económicos: bajar la inflación y atraer inversiones. En cuanto la primera, hubo un alza del 29% al 55%, acumulando en su gestión más del 300% de inflación. En cuanto a las inversiones solo arribaron en forma de capitales financieros y endeudamiento, que sumergió al país en una deuda de casi el 100% de su PBI. Para poder sostener el valor del peso y evitar corridas cambiarias en un mercado desregulado, el gobierno ideo un sistema especulativo que nos llevaría a ningún lado, elevando la tasa de interés del 34% al 70,9%, paralizando cualquier oportunidad de crédito o financiamiento para el sector privado.

Por otra parte, el salario real paso de crecer al 2% anual en 2015, a perder el 15%. Es decir, los trabajadores argentinos perdimos en estos años 15% de nuestra capacidad adquisitiva. El dólar paso de $14 a $63, es decir, se encareció más del 450%.

Paralelamente la utilización de la capacidad instalada de maquinaria industrial pasó del 70% al 59%, lo que significa que en la actualidad de cada 10 máquinas 4 se encuentran sin producir. Así, no debería sorprendernos que el desempleo haya aumentado de 8 a más del 10%.

Con este contexto el aumento de la pobreza a más de 35% de la población sería inevitable. Muy lejos de aquella marketinera consigna de campaña “duranbarbeana”, diría yo ilusoria y casi provocadora, de “pobreza 0”.

Existen saldos positivos, y son el achicamiento del déficit fiscal primario (el que no cuenta los intereses de deuda) y una balanza comercial positiva. Sin embargo, ambas son productos de un contexto poco virtuoso de la economía: ajuste, aumento del dólar y descenso de las importaciones por baja de producción.

Para decirlo más clara y llanamente, el gobierno de “Cambiemos” nos deja un país cuya económica decreció en más del 3,5%, su capacidad productiva industrial en proceso de desmantelamiento, un Estado altamente endeudado en el corto plazo, y una sociedad donde 4 de cada 10 argentino es pobre.

Ahora bien, habiendo hecho la requisa de rigor, es menester salir de los datos facticos, y reflexionar más allá de la dureza de los números, ya que el tránsito por el periplo “Cambiemos” nos deja razonamientos que son aplicables y útiles para cualquier futuro cercano.

En primera instancia han quedado arduas pruebas de la reincidencia a los caminos equívocos del pasado. Limpios de culpa, sin reconocer nuestro pecado original, apostamos nuevamente un modelo económico sustentando en el endeudamiento, capitales financieros y extranjeros de libre circulación, la esperanza del campo y explotación de recursos naturales, la desprotección de nuestra industria, los salvatajes del FMI, y el ajuste. El objetivo era el de siempre: salir de la recesión. El resultado, el mismo de aquellos planes del pasado: mayor recesión. La moraleja, la de siempre: no hay salida de los ciclos regresivos y del subdesarrollo si no es a través del desarrollo industrial, tecnológico y científico. No hay éxito en la quimera de ser el “granero del mundo”.

 En segunda instancia, la crisis de partidos despertada en el 2001, llegó a puerto – aunque no sabemos si final. En aquel entonces el bipartidismo se veía afectado por la capacidad de fuego del Radicalismo, dejando que la crisis del peronismo despertara unos años más adelante, cuando la fragmentación se hizo inevitable a mediados del gobierno Kirchnerista. Sin embargo, este ciclo -y la crisis de partidos- concluye con la reorganización de ambos, ya no bajo una lógica bipartidista, sino en una bipolaridad de coaliciones de fuerzas.

En tercer lugar, experimentamos que la grieta puede ser más profunda que política. Puede ser cultural. La bifurcación inconexa del campo político, redituable solo a la política y sus dirigentes, logró romper lazos sociales y solidarios. Cuando creíamos que la grieta política y sus modelos eran nuestro límite, enfrentamos la sociedad, ya no entre simpatizantes políticos; los enfrentamos entre fragmentos sociales: la clase media trabajadora contra los pobres y excluidos; los foráneos contra los oriundos; los creyentes contra los secularizados.

Sin embargo, se desprende una última reflexión que nos sugiere esperanza: somos democráticos a fuerza de cicatrices. El pasado nos dejó un legado intocable, un valor supremo, al cual nos subordinamos casi como si fuera sacro. Mientras nuestros vecinos, en Latinoamérica, y en el mundo, la política se dirime en la calle con altos niveles de enfrentamiento y violencia; mientras los procesos electorales están viciados de ilegalidad y manipulación; mientras las constituciones son endebles en su capacidad de cumplimiento o son exigidas sus reformas; mientras las fuerzas armadas juegan un rol preponderante en la política a través de la acción o la omisión; en Argentina la Constitución y los procesos electorales son intangibles de manipulación o reinterpretación. Las fuerzas políticas se someten a la decisión popular y al tempo que marca la Carta Magna, tan disímilmente a las circunstancias actuales de otros países que nos hace pensar que la única -o la mejor- herencia que tenemos es la esperanza.

*Matías Dassetto se desempeña como director del CEDMA  (Centro de estudios de Desarrollo Macroeconómico)

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