Ultima parada: el peor punto de partida

Política Por Matías Dassetto
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Arribamos al 27 de Octubre, la ultima parada de un periplo que parecía interminable, y que, por
si no lo recuerdan, comenzó tiempo antes de aquel 25 de mayo, cuando Cristina Fernández, a
través de un video, le contara al mundo que un ex jefe de gabinete de Néstor y suyo sería el
candidato a presidente que disputaría la reelección de Macri.

A horas del final de este capítulo, podríamos detenernos en nombrar y enumerar algunas de las
claves del triunfo electoral de la formula Fernández - Fernández. Podríamos, por ejemplo,
explicar que el triunfo se engendra en la movida propia de un ajedrecista, cuando Cristina decide
bajar su postulación a la de vicepresidenta, y así romper el techo de votos que alejaba a su fuerza
de un triunfo contra Macri. O podríamos hablar de la concreción -al menos en términos
electorales, veremos hacia adelante- de una unión del peronismo, con base en las negociaciones
con Massa y otros sectores filo-peronistas, los cuales demostraron, una vez más, que el
peronismo unido es difícil de roer. Podríamos postular cómo el poder adquisitivo, la capacidad
de compra, el bolsillo, la heladera, y todos los equivalentes posibles con los que podríamos
referirnos al “factor económico” inherente, y mucho, en los procesos electorales, fue dejado de
lado en la afrenta política y electoral del gobierno, y cómo el desastre económico y el ahogo de
a la clase media, por parte de la gestión de Macri le costó su presidencia. O podríamos
detenernos en la desatinada estrategia de Durán Barba y Marcos Peña, quienes se negaron
rotundamente a desdoblar la elección de Buenos Aires, y sellar la derrota de Vidal y Macri
(algunos analistas sostienen, prácticamente refunfuñando, que existían más posibilidades de
ambos triunfos, si hubieran sido desdobladas).

También, parados en la última estación de esta travesía, podríamos referirnos al achicamiento
de la brecha, y la buena elección general de “Juntos por el Cambio”, producto de una cambió de
lógica de campaña que instauró la profecía de una épica política, que para muchos adeptos al
macrismo significó sentirse parte de una gesta histórica, y por primera vez sintieron lo que se
sentía tenían un rol y poder ser “sujetos de cambio”. Así lograron aumentar la participación, los
fiscales, movilizar la calle, profundizar la grieta, y minimizar la capacidad de fuego de las terceras
fuerzas. Y así lograron aumentar casi 8 puntos, mas de lo que necesitaban, pero que no
alcanzarían para bajar del cetro de + 45 a Fernández.

Sinceramente podríamos ahondar en estas cuestiones y en muchas otras más, pero estas líneas
de pensamiento se atreven, por no decir, se obligan, a desviarse hacia otro destino.

La coyuntura económico-social del país es grave: la inflación superará a finales de este año el
55%; los niveles de pobreza calculados para el primer semestre fueron de más del 35%, lo que
significa que 15 millones de personas se encuentran por debajo de la línea de pobreza, de las
cuales más de 3 son indigentes y no alcanzan para la canasta básica alimentaria. El desempleo
trepa por encima del 10% de la población.

Por otra parte, se estima que el nivel de endeudamiento es de prácticamente el 100% del PBI, y
los próximos años implican niveles de pagos en millones de dólares que el país no posee. A su
vez, las reservas han caído abruptamente en el periodo que va desde las PASO hasta las

Generales, en aproximadamente US$ 21 mil millones, es decir 1/3 de sus existencias. Recesión
y contracción de la economía, caída de la producción industrial, etc.Es decir que, tras la fiesta democrática, detrás del escenario donde Axel, Cristina y Alberto
arengaban el canto de victoria, tras bambalinas, acecha esta penosa realidad, que los obliga a
actuar rápidamente, incluso desde la transición. Sin duda, los asesores y futuros ministros de
Fernández ya saben todo esto, y desde el primer día de su candidatura están esbozando un plan
ofensivo.

Desde aquí podremos trazar algunas medidas, muy probables o similares, que explican el
direccionamiento de un plan de urgencia y a corto plazo – no apto como proyecto político.

En principio es inexorable una renegociación de la deuda con el FMI y los acreedores privados.
Esto implicará, en algunos casos, el reperfilamientos, la quita de intereses, o en el peor de los
casos quita de capital. Sea cual fuera la salida, esta implica una ardua negociación que no posee
el margen para que el proceso fracase y se termine en un default.

Luego será necesario incrementar los ingresos, y siendo que la reactivación industrial llevará
mucho mas tiempo de lo que requiere la urgencia, el esfuerzo será a partir de aumentar las
retenciones. Hablo impropiamente e injustamente de “esfuerzo”, ya que los productos primarios
pagan $3 por dólar exportado, y los de valor agregado $4, y vienen abonando esa nimiedad
desde antes de la devaluación. Es decir que, su facturación subió con la devaluación mientras
que las retenciones se diluyeron por el salto del dólar: $3 por un dólar de $58 es menos de la
mitad que $3 pesos por un dólar de 20 pesos.

Otros planes vienen de aumentar los impuestos a Bienes Personales, y algunos más
“aggiornados” y osados, esbozan propuestas que viajan a nivel internacional, y hablan de un
impuesto a la riqueza, es decir, un impuesto al patrimonio de los millonarios, que podría darle
al país, más de US$5 mil millones anuales.

Luego es menester reactivar la producción a través del consumo. Esto implicaría aumentar la
capacidad adquisitiva de la sociedad a partir del congelamiento de precios, acuerdos sectoriales,
acuerdos salariales, créditos al consumo y a la construcción.
Ahora bien, esto se da en un marco político muy particular, ya que la Argentina, luego de este
periplo, volvió a una clásica e histórica configuración de fuerzas, que sería impropio calificar de
bipartidismo, pero sí de dos fuerzas de coalición que nuclean la configuración y el escenario
político. El congreso, luego de los comicios está claramente dividió en el dominio del 50% para
cada fuerza. El signo de interrogación más enigmático radica en si estas coaliciones electorales
se plasmarán definitivamente como coaliciones de gobierno.

La realidad es que Fernández detenta un gran desafío, que no solo reside en superar la crisis y
mejorar el escenario económico-social, sino que su mayor desafío radica en dos cuestiones
bisagras para su futuro. En primera instancia no cometer el error de Cambiemos y convertir la
coalición electoral en una obligada coalición de gobierno. Y por el otro, comenzar un proceso
histórico de reducción de la desigualdad en argentina. El escenario latinoamericano y mundial
nos esta dando pruebas de cómo la sociedad ha colapsado su estoicismo e imperturbabilidad
frente a crecimiento de la brecha entre ricos y pobres, y el aumento de la concentración de la
riqueza. El mundo nos mostró que la población no esperó a las urnas para solucionar la
urgencia y decidió ganar la calle. Fernández comenzará su mandato con balas que pegan cerca.
Ojalá Argentina sea la excepción, no por la estoicidad de su pueblo, sino porque su desigualdad
comienza un proceso de retirada.

*Matías Dassetto se desempeña como director del CEDMA  (Centro de estudios de Desarrollo Macroeconómico)

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